Tecnología GPS permite observar el comportamiento sísmico posterior a grandes terremotos en Chile

Investigadores de CIGIDEN reevaluaron la capacidad de generación de un terremoto de magnitud 8.8 en la zona norte mediante señales de 14 estaciones de GPS, y confirman que aún existe el potencial para que ocurra un terremoto similar al de la región del Maule en el Norte de Chile y sur del Perú.

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El estudio de terremotos en Chile y el mundo suma cada día mejor y más precisa tecnología que permite, por ejemplo, observar aquellos movimiento imperceptibles que tiene la Tierra, una vez que es sacudida por grandes sismos. Una de ellas es la tecnología de GPS cuyos principios son similares al utilizada para el posicionamiento en mapas mediante los teléfonos Smartphone, pero mejorada en cuanto a su precisión.

Expertos del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres, CIGIDEN, realizaron un detallado análisis del registro continuo de 14 estaciones de GPS para estudiar los ajustes de las placas tectónicas posteriores al terremoto de Iquique del 2014,  ­sismo de magnitud 8.1 cuyo hipocentro se ubicó costa afuera de la Región de Tarapacá. Las 14 estaciones del Observatorio de Límites de Placas Tectónicas en Chile, IPOC, por sus siglas en inglés, están ancladas en afloramientos rocosos del desierto de Atacama del norte de Chile.

Los resultados de esta investigación, publicados en la revista Nature Scientific Report, indican que la parte de la zona de subducción que dio pie al terremoto de Iquique, continuó desplazándose nueve meses después de ocurrido el terremoto 8.2. El movimiento conocido como postsísmico de la falla de subducción alcanzó 75 cm y fue completamente asísmico, por lo tanto no pudo ser percibido por las personas, pero si registrado de manera clara por los sensores satelitales GPS.

Ventanas de observación

Estos instrumentos de observación geodésica entregan información precisa de ubicación de puntos específicos del relieve terrestre. Si la ventana de medida del GPS es de un día, las precisiones alcanzadas pueden ser de milímetros. Este aumento en la precisión permite ‘ver’ desplazamientos del terreno que antes no podíamos detectar. Esto es de enorme importancia para el estudio de terremotos.

“Ahora podemos medir y entender señales lentas de desplazamientos de la superficie de la Tierra generadas por terremotos. Por ejemplo, en el caso del sismo 8.2 de Iquique se pudo medir qué pasó con la falla de subducción después de ocurrido el terremoto y lo que encontramos es sorprendente. Las estaciones de GPS continuaron desplazándose de manera asísmica hasta alcanzar una trayectoria de 75 cm en nueve meses de registro”, explica el subdirector y académico de la UCN Gabriel González, uno de los autores del paper, junto a Mahesh N. Shirivastaba y Marcos Morenos, entre otros investigadores.

Este trabajo, agrega el doctor en geología y académico de la UCN, muestra que la cantidad de energía liberada durante este periodo postsísmico es equivalente a un terremoto de magnitud 7.6. “Por lo tanto, contabilizando los movimientos ocurridos durante el terremoto, la replica principal de magnitud 7.7 y en el periodo de 9 meses con posterioridad al sismo, se liberó un 17% de la energía acumulada desde el año 1877, cuando ocurrió el ultimo gran terremoto del norte de Chile de magnitud estimada mayor a 8.5”, explica González.

Otro de los hallazgos de esta investigación, es que este proceso fue progresivamente disminuyendo a cero al cabo de nueve meses indicando que las placas en la zona de subducción se volvieron a trabar, completando el periodo postsísmico, y restableciéndose el proceso de carga para un futuro terremoto. “El estudio es concluyente, asegura Gabriel González, aun existe un alto potencial de generar un terremoto de magnitud 8.8 o incluso superior en los próximos 50 años”.

Movimientos sísmicos

Según explican los investigadores en la publicación científica, los movimientos sísmicos liberados por todos los procesos involucrados en el terremoto de Iquique no pudieron reducir la energía acumulada en toda la brecha sísmica del norte de Chile. Por lo tanto, estamos de acuerdo en que esta región aún tiene el potencial de generar un gran terremoto y tsunami, como ocurrió en 1877.

Se trata del último gran terremoto y tsunami que generó estragos en gran parte de la cuenca del Pacífico, con impacto de olas de tsunami que llegaron hasta las costas de Japón, California, Hawái, toda la costa oeste de Sudamérica e incluso pudo ser detectado en la Bahía de San Francisco. “En Chile las olas de tsunami destruyeron los primeros asentamientos humanos para la explotación del guano y embarques de salitre. Localidades costeras como Mejillones, Cobija y Gatico, otrora puertos bolivianos, Tocopilla, Iquique y Arica, fueron impactados por este tsunami” comenta Gabriel González.

“Nuestros resultados, son coincidentes con otras investigaciones”, advierte  y agrega el experto, “los habitantes de las ciudades costeras del norte de Chile y sur del Perú deben prepararse para enfrentar un terremoto muy parecido al terremoto del año 2010, ocurrido en la Región del Maule. Estamos hablando de una liberación de energía contenida en la Tierra que puede generar intensidades similares a las experimentadas por los habitantes de la zona centro sur de Chile y un tsunami con severas consecuencias como las vistas en la zona de Dichato, Talcahuano y otras localidades costeras.

“Por lo tanto, nuestra recomendación es mantener un sistema activo de preparación y mitigación de estos potenciales impactos, esto significa tener una adecuada señalética para las vías de evacuación, realizar entrenamientos de evacuación, desarrollar planes familiares de emergencia, conocer los puntos de encuentro y disponer de un sistema local de primera respuesta humanitaria debidamente entrenado”, concluye el sub-director de CIGIDEN.