Se mantiene debate sobre posibles riesgos para la salud por torres de proyecto Cardones-Polpaico

Generalmente se asocia a la radiación electromagnética no ionizante que corre por los cables y transformadores con ciertas enfermedades, lo que de acuerdo a organismos internacionales como la OMS no ha sido comprobado en un 100%. Sin embargo, los reclamos más recientes se basan en las emisiones de ruido de las torres, que están afectando la calidad de vida de los vecinos.

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Desde la acera en que se mire el asunto, la instalación de las torres de alta tensión pertenecientes al “Plan de Expansión LT 2x500kv Cardones – Polpaico” genera polémica.

Si solo se aborda el tema de salud, a lo largo del tiempo y de manera insistente los habitantes de las poblaciones por las que pasa esta carretera eléctrica se han manifestado en contra del trazado mediante concentraciones y recursos legales para frenar su avance.

Incluso hace apenas una semana, vecinos de la comunidad Los Nogales en el sector Altovalsol, acompañados del alcalde de La Serena Roberto Jacob, se movilizaron hasta el Servicio de Evaluación Ambiental de la región para hacer entrega de antecedentes sobre los problemas de salud que presentan algunas de las personas que viven en las cercanías de las torres, debido a las emisiones de ruido.

Otros en cambio, se inclinan por los efectos del campo electromagnético que generan dichas estructuras y cómo influye en el desarrollo de enfermedades, aunque según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Instituto Nacional de Cáncer en Estados Unidos, en la actualidad no existen estudios lo suficientemente concluyentes que permitan comprobar esa hipótesis.

Interés por garantizar buenas condiciones de vida

El presidente regional del Colegio Médico, Rubén Quezada, explicó a El Día que a través del Departamento de Medio Ambiente de la institución a nivel nacional, se ha estudiado las secuelas a las que se exponen los pobladores al vivir en los alrededores de las torres.

“En el caso puntual del conflicto de la comunidad Los Nogales con Interchile por el trazado, tiene que ver con la contaminación acústica. El efecto corona, que se genera al tener un clima un poco más húmedo, hace que aumenten los decibeles producidos por las torres de alta tensión y éstos sobrepasan los niveles declarados por la OMS como saludables y los de la normativa de Chile también”, precisó.

De acuerdo a una fiscalización realizada por la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA) en junio de 2018, el ruido audible registrado en las torres del referido sector fue de 42 a 45 decibeles, sobrepasando la norma vigente que establece un máximo de 38 dbA autorizados y a los 28 dbA de fondo.

Quezada indicó que sobre los 35 decibeles ya empieza a existir un impacto en el sueño, pues las personas no tienen un descanso reparador y se ven sometidas a estrés permanente, lo que a mediano plazo puede causar enfermedades de salud mental o problemas cardiovasculares.

“El estrés constante que se produce por el ruido permanente de las torres afecta la salud. En cuanto a los estudios de cáncer, no pueden ser tan concluyentes porque la metodología de estos análisis complica hacer seguimiento a grupos de pacientes y si son patologías de baja prevalencia no se puede tomar un grupo de personas y esperar a que les de cáncer para saber si ocurre o no”, apuntó.

Finalmente, se lamentó porque muchos vecinos compraron terrenos en esos lugares para tener una vida más tranquila, pero están “viviendo en condiciones de estrés superior producto del ruido permanente de las torres”.

Los argumentos de la empresa

Interchile, a cargo de operar la carretera eléctrica, también se respalda con estudios realizados por consultoras especializadas en estadísticas del sector energético para reiterar que las torres cumplen con las normativas vigentes y desmentir que sean el origen directo de ciertas patologías.

“Hasta el momento no se conocen pruebas que permitan relacionar a los campos electromagnéticos con algunas enfermedades o malestares, dado que las intensidades necesarias para generar una afectación eléctrica en el cuerpo son sumamente superiores a las intensidades de las líneas de transmisión”, dijeron a El Día.

Exponen que en el caso de implementos como un celular o secador de pelo, estos “emiten 10 veces más radiación que una línea de alta tensión”.

Además, según la empresa, las instalaciones en Chile cumplen con normas internacionales, “donde el límite dentro de la faja de servidumbre dependerá de los factores técnicos que determinarán el ancho de ésta”.

“Hay estudios realizados y organismos a nivel mundial que señalan que esta distancia es adecuada para realizar todo tipo de actividad”, afirmaron.

Respecto al ruido audible que producen las torres, Interchile explica que para cumplir con la legislación nacional y la normativa de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC), se instalaron implementos especiales para minimizar este inconveniente.

“Dependiendo de la humedad en el aire, la energía eléctrica que viaja a través del cableado de la línea de transmisión puede generar una vibración que produce ruido. Frente a este inevitable fenómeno, hemos instalado en los aisladores de las torres unos dispositivos especialmente diseñados para minimizar el ruido y mantenerlo dentro de los parámetros internacionales con los cuales se diseñan y construyen líneas de transmisión”, acotaron.

Apoyo local para comunidades

El alcalde Roberto Jacob es una de las autoridades que en reiteradas ocasiones ha expresado su oposición al trazado de las torres por algunos sectores, no solo con las que ya están instaladas, sino con las que se pretenden colocar como parte de la nueva línea de alta tensión.

“Primero, están en zonas donde vive gente, contaminan visualmente y con ruidos que son ensordecedores, más los problemas médicos que según el Colegio Médico esto causa (…) por lo tanto es ilógico que tenga que pasar por los pueblos ancestrales donde las personas en el campo vive en tranquilidad y ellos simplemente no pueden dormir”, sostiene.

Es por ello que Jacob  ha decidido oponerse a toda iniciativa que involucre ubicar torres de alta tensión cerca de comunidades.

“(…) Yo lo que digo es que se haga un nuevo trazado. Sabemos que la energía es necesaria, pero no por eso vamos a sacrificar a nuestros pueblos. Ellos (la empresa) tienen la plata suficiente para hacer el cambio de trazado que nosotros propusimos desde el primer momento, pero no hicieron caso”, apunto.

En alerta por la distancia

El Colegio Médico de Chile es una de las instituciones que por largo tiempo ha lanzado advertencias sobre los problemas que podrían generarse por vivir cerca de las  torres.

Durante una entrevista con Diario El Día realizada en 2017, el presidente de la Comisión de Medioambiente de la entidad, Andrei Tchernitchin, afirmó que frecuentemente se investiga sobre la aparición de algunos cánceres cerebrales, leucemias, entre otras patologías como alzhéimer, en personas que habitan en los alrededores de las estructuras.

En aquella ocasión, el profesional explicó que el origen de los problemas no son en sí las torres, sino la radiación electromagnética no ionizante que corre por los cables y también los transformadores. “(…) Uno se pone debajo de los cables y se siente un hormigueo, un zumbido y eso va a produciendo enfermedades”.

Por esta razón, aseguró, la recomendación es que la distancia entre estos cables y las viviendas debe ser a lo menos 100 o 200 metros, pese a que en Chile la normativa no ha establecido límites en esta materia.