[OPINIÓN] Uso del automóvil en Santiago: un extraño y dañino amor

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Por Waldo Lobos Basáez, editor de
Codexverde.cl


Si la pregunta recurrente, y molesta, del medio a una pareja que lleva más de tres años de relación es “y, ¿cuándo se casan?”, la pregunta más común a un egresado universitario  que cobra su primer sueldo es “y, ¿cuándo el auto?”. Y es que pareciera que, en Chile, el automóvil es la muestra gráfica de que los años de estudio o el sacrificio de los padres por pagar esa carrera universitaria, no fue en vano. Que esa estructura de cuatro ruedas representa que aquel joven ya le ganó a la mitad de su vecindario, que aún tiene que andar soportando las calamidades de nuestro sistema de transporte público.

A ello, sorprende el enamoramiento que alcanzan algunas personas por sus autos. He visto a vecinos, cercanos a los 30 como yo, yendo a comprar el pan en sus cacharritos. A colegas, que viven a menos de 15 minutos, gastando neuronas en el taco de Providencia para llegar al trabajo. A amigos que cuando salen de carrete, están más preocupados de la seguridad de su regalón, que de la chica que tienen enfrente. Y, así, existen variados ejemplos cotidianos de este extraño embobamiento.

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Tren de Londres.


Para quienes piensan que andar arriba de un auto los aleja del tercermundismo, cabe apuntar que esa postura ya ha caducado en Europa, en donde estos medios de transporte dejaron de ser un objeto deseado o un símbolo de estatus, sino que representan una problemática. En esos lugares los jóvenes cada vez más están considerando  que en la ciudad los autos no son convenientes, ya que se convierten en una carga costosa y una opción contaminante.

Sobre esto último, hay quienes argumentarán que estos países cuentan con eficientes y modernos sistemas de desplazamiento, como los trenes, y nosotros no. Es un punto razonable, desde la vereda de las personas que viven en comunas periféricas, como San Bernardo, Puente Alto o Quilicura, quienes se deben desplazar todos los días hacia el centro para estudiar o trabajar. En ese contexto, la compra de un auto es una inversión que responde a una necesidad que no se puede cuestionar, considerando las largas distancias y la pobre conectividad que poseen estos lugares. No obstante, según la encuesta Origen-Destino de la Secretaría de Planificación de Transporte, más del 50% de los viajes que se realizan en auto, en la Región Metropolitana, no superan los cuatro kilómetros, distancia que para el gran porcentaje de las personas que viajan diariamente, es absolutamente pedaleable.

No descubrimos la pólvora si enumeramos los beneficios ambientales (disminución de gases de efecto invernadero, contaminación acústica) y en salud (quema de calorías, fortalecimiento de huesos y musculatura) de la bicicleta en comparación con el invento de Karl Friedrich Benz, pero en conceptos como  calidad de vida, traducida en menores tiempos de viaje, y el ahorro económico, es interesante revisar algunos ejercicios e investigaciones que se han efectuado en el último tiempo. Uno de ellos es la Medición de Eficiencia de Modos de Transporte, en el que colaboran el Departamento de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, la Escuela de Arquitectura de Universidad Diego Portales y el Departamento de Ingeniería de Transporte y Logística de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Católica, que consiste en la realización de viajes simultáneos, desde ocho puntos de la ciudad hacia la Unidad Operativa de Control de Tránsito, ubicada en la calle Santa Beatriz, Providencia. Estos fueron los resultados de la medición del año 2015:

Ñuñoa (Av. Ossa 1000) Bicicleta: 25 min. Metro: 28 min. Micro: 1 hr. 5 min. Moto: 23 min. Intermodal (bici y bus/metro): 39 min. Auto: 38 min.

Macul (Gregorio De La Fuente Rojas 3164) Bicicleta: 30 min. Metro: 28 min. Micro: 1 hr. 5 min. Moto: 36 min. Auto: 42 min

Vitacura (Vitacura 5560) Bicicleta: 21 min. Micro: 41 min. Auto: 22 min.

Santiago (Sazie 2363) Bicicleta: 21 min. Metro: 30 min. Micro: 39 min. Moto: 34 min. Intermodal (bici y bus/metro): 29 min.

Recoleta (México 195) Bicicleta: 25 min. Micro: 55 min. Auto: 44 min.

La Florida (Yucatán 9471) Bicicleta: 48 min. Micro y metro: 1 hr. 16 min.

Maipú (Ignacio Serrano 2630) Bicicleta: 1 hr. 3 min. Auto: 1 hr. 

Quilicura (Puerto Edén 553) Bicicleta: 1 hr. 44 min. Micro y Metro: 2 hr. 25 min. Auto: 1 hr. 12 min. 

bicicleta-rapidezPodemos visualizar que los vecinos de Ñuñoa, Macul, Santiago Centro, Recoleta y Vitacura, se demorarían menos si su viaje a Providencia, comuna que concentra diversas empresas, comercio e instituciones de educación, lo realizan en bicicleta. A ello,  hay que apuntar que todas las comunas mencionadas cuentan con ciclovías que, de una u otra forma, conectan con Providencia. La excepción, tal como mencioné anteriormente, son los residentes de comunas periféricas, en este caso Quilicura, donde el recorrido en auto es considerablemente más rápido que el de la bicicleta y, además, tampoco existe alguna ciclovía que pueda unir ambos puntos.

Desde la parte económica, cifras del Ministerio del Medio Ambiente estiman que para el bolsillo, bajarse del auto el impacto es real: una persona puede ahorrar más de dos millones de pesos anuales, si es que esta anda en promedio 20 kilómetros en bicicleta al trabajo o la universidad los días hábiles. Esto porque un individuo que dejó el auto, evita consumir 512 litros de bencina equivalente a 410 mil pesos;  no paga estacionamiento (alrededor de $ 720.000), seguros ($360.000), TAG ($645.120) ni mantenciones ($90.000).

En una ciudad que actualmente está atochada por el tráfico vehicular, la proyección del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) de que en 10 años habrá el doble de vehículos circulando (2.650.000 millones), es para llorar. Si este comportamiento ya no cambió por una razón colectiva — el transporte constituye el 41% de la “torta” de contaminación de la capital—, entonces la respuesta está en acciones individuales: mirar nuestros kilitos de más, calcular cuánto gastamos en bencina  y, preguntarse, si efectivamente “soy más persona” por sacar el auto, en un recorrido que no se justifica. Y hay que hacerlo luego, sino la tendencia europea nos pillará sacando un crédito automotriz.