[OPINIÓN] Desde un modelo forestal anticuado hacia la protección de ecosistemas vegetacionales

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Flavia Liberona, directora ejecutiva de la Fundación Terram.

Actualmente, en la comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados,  se está iniciando la discusión sobre el  Proyecto de Ley que crea el Servicio Nacional Forestal, entidad pública que será la sucesora de la CONAF.

La historia de CONAF se remonta a 1972, cuando durante el Gobierno de Salvador Allende  se creó la Corporación Nacional Forestal -CONAF- como una corporación de derecho privado que administra fondos públicos y es dependiente del Ministerio de Agricultura. Esta entidad fue la  sucesora de COREF (Corporación de Reforestación) que había sido creada en el año 1970. Entre las principales funciones que ha tenido CONAF desde su creación están el fomento forestal, la administración de las áreas protegidas terrestres, además  del control y manejo de incendios.

flavia-liberona_fundación-terram-660x330-500x300En 1974, impulsado por Fernando Leniz  se dicta el DL N° 701, sobre Fomento Forestal y se le encarga su implementación a CONAF, dirigida por Julio Ponce Lerou. El famoso DL N° 701 bonificaba  el 75% de los costos netos de forestación y contemplaba incentivos tributarios a las superficies forestadas. Este decreto ley dictado en dictadura en su primera versión, bonifico plantaciones durante 20 años y luego fue renovado por los Gobiernos de Eduardo Frei y Sebastián Piñera. Con su aplicación se promovió el establecimiento de grandes extensiones de plantaciones de especies exóticas -no originarias del país-, particularmente pino y eucaliptus. El sistema de bonificaciones a plantaciones forestales opero por casi 40 años (1974 a 2012), periodo durante el cual el Estado desembolso del orden de USD 875 millones. Si bien durante este periodo el sistema de bonificaciones tuvo distintos grupos de beneficiados, la mayoría de los recursos fueron otorgados a grandes y medianos propietarios forestales.

Sin duda el establecimiento de grandes extensiones de plantaciones forestales con especies exóticas, genero el modelo forestal chileno, el cual con mayor o menor éxito se ha replicado en otros países de la región. A enero de 2016, las plantaciones forestales sumaban más de 3.000.000 ha, concentrándose  en las regiones de O’Higgins, Maule, Bío Bío, Araucanía y Los Lagos.

Este modelo forestal que surge el año 1974, promovido e implementado  por CONAF ha sido fuertemente cuestionado debido a los impactos sociales y ambientales que ha generado y de los cuales no existe una evaluación por parte del Estado. Pero también este modelo forestal ha dejado un sello en CONAF, pues no se puede mirar la historia forestal de Chile y de esta institución sin considerar el establecimiento de plantaciones forestales que transformaron el territorio, y en algunos casos sustituyeron ecosistemas nativos, cambiando la fisionomía de varias regiones de Chile. Esto probablemente no habría sido posible sin el apoyo financiero del Estado.

Si bien no existe una evaluación acabada del impacto económico, social y ambiental que ha implicado la aplicación del DL N° 701, hoy está claro que Chile debe transitar hacia otro modelo forestal. Un modelo acorde con los tiempos, que reconozca la importancia de los ecosistemas vegetaciones nativos; de las comunidades y economías locales; que genere encadenamientos productivos en las regiones, que promueva investigación y desarrollo local. Pero también un modelo que se proponga  innovar en materia de plantaciones promoviendo superficies plantadas de menor tamaño, más exigencias ambientales y ecológicas, plantaciones de más de una especie,  de especies nativas u otro. Las nuevas plantaciones deben ser más exigentes en resguardar y conservar  fuentes de agua, deben asumir la adaptación al cambio climático como un gran desafío. Además se deben establecer límites a la superficie forestada y regular  muy bien la interfaz urbano rural. Varias de las cosas aquí planteadas se encuentran en la Política forestal 2015-2035 y otras en el Proyecto de Ley que crea el Servicio Nacional Forestal recientemente  presentado por el Gobierno.

Sin duda es necesario discutir y buscar solución para hacer una transición desde un modelo forestal instaurado hace 40 años, hacia uno más moderno, acorde con los tiempos, las demandas y las necesidades de la sociedad chilena. Más que un modelo forestal de un tipo u otro, necesitamos transitar hacia otra visión de los bosques, las plantaciones y ecosistemas vegetacionales.

Tras los incendios forestales acaecidos en el verano de 2017, y que han sido calificados por los expertos de la Unión Europea como una “Tormenta de Fuego”, tenemos la oportunidad como país no seguir haciendo lo mismo, de conectarnos con la naturaleza y lo que señalan las Naciones Unidas en su objetivo de desarrollo sostenible N° 15: “ Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad”.