Olores molestos y su posible solución

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Por Dr. Alberto Vergara-Fernández, investigador del Green Technology Research Group de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de los Andes.


Alberto Vergara.

Los olores generados en las diferentes actividades y procesos industriales pueden ser un problema ambiental y de salud importante si no se toman las medidas de gestión y tecnológicas adecuadas para su mitigación, especialmente cuando estos problemas se encuentran en lugares cercanos a zonas residenciales. La consciencia y exigencia social de un aire limpio y libre de contaminantes y “malos olores” ha presionado a las autoridades en la elaboración de normativas cada vez más restrictivas respecto a la emisión de gases nocivos y molestos, las que deben obligar a las empresas a buscar y proponer soluciones para la eliminación de los gases contaminantes y la reducción o eliminación de los olores que emiten.

La emisión de gases que generan los olores molestos puede venir de múltiples actividades industriales, aunque hay algunos sectores en los cuales es más común a la generación de malos olores debido a las materias primas con las cuales trabajan. Entre las principales actividades establecidas en Chile con potencial de generar olores molestos se encuentra la fabricación de alimentos para animales, fabricación de celulosa, planteles y establos de crianza y  engorda de  animales, curtiembres, fabricación de productos lácteos, plantas faenadoras de  animales y mataderos, platas de recuperación de molibdeno, pesqueras y procesamiento de productos del mar, plantas de tratamiento de aguas residuales, refinería de petróleo, sitios de disposición final de residuos, talleres de redes, entre otros.

En muchos otros casos los malos olores no son generados solo como producto de la actividad industrial, sino también como una consecuencia de la operación de los sistemas de tratamiento de los residuos líquidos y sólidos, que son generados en los procesos productivos. Es así como normalmente durante la operación de las plantas de tratamiento de aguas industriales y también urbanas, y en el tratamiento de los lodos generados en estos procesos de tratamiento, pueden ser emitidos una gran variedad de mezcla de gases que generan malos olores.

Entre los principales gases que pueden ser identificados en la generación de malos olores están los compuestos volátiles, presentes en drenajes y plantas de tratamiento son resultado de la acción microbiológica de la materia orgánica contenida en el agua residual. Muchos de los compuestos responsables de los malos olores son perceptibles a muy bajas concentraciones, del orden de partes por billón.

Los olores molestos pueden ser clasificados en las siguientes categorías: gases inorgánicos que incluyen al sulfuro de hidrógeno y al amoníaco, los ácidos como el acético, láctico y butírico, los altamente tóxicos como el indole, skatole, fenoles y mercaptanos y las aminas como la cadaverina y la putrescina. Otros compuestos importantes presentes en plantas de tratamiento y que contribuyen a la generación de malos olores son el sulfuro de carbonilo, el disulfuro de carbono, mercaptanos de bajo peso molecular, tiofenos, sulfuro de dimetilo y disulfuro de dimetilo, entre otros.

Si bien es cierto que tomar las precauciones necesarias y realizar los sistemas de gestión en los diferentes procesos industriales puede ayudar a reducir y eliminar los olores, en muchas ocasiones estas medidas no son suficientes para su eliminación y deben ser complementadas con tecnologías para la reducción o eliminación de los olores.

Las tecnologías utilizadas para el tratamiento de olores molestos desde diferentes procesos industriales y plantas de tratamiento de aguas son múltiples y su elección depende de diversos factores como la naturaleza de los contaminantes, la cantidad o caudal a tratar y la concentración de los contaminantes.

Entre las diferentes tecnologías, los sistemas de tratamiento fisicoquímicos más importantes orientados al control de olores se encuentran la absorción, la adsorción, la oxidación térmica química y catalítica, entre otros. Por otro lado, eventualmente se han utilizado agentes enmascaradores como son las fragancias de perfumes para ocultar un olor desagradable, pero se debe considerar que esta aplicación es muy limitada y no es considerada como un sistema de tratamiento de gases.

En general, muchas de las investigaciones realizadas para el tratamiento de gases que generan malos olores, coinciden en afirmar que los tratamientos fisicoquímicos poseen costos de inversión y más aún de operación más elevados que las tecnologías de tratamiento biológicas, lo cual se incrementa cuando se trata de gases con bajas concentraciones de compuestos que producen mal olor y altos flujos de gas. Debido a esto, las tecnologías biológicas son favorecidas en si utilización sobre las tecnologías fisicoquímicas, cuando el problema es la eliminación de olores. Las ventajas de las tecnologías biológicas sobre las fisicoquímicas son múltiples, siendo una de las más importantes es que el tratamiento puede llevarse a cabo a condiciones de operación suaves  (T, P, pH, etc.), disminuyendo de esta forma los costos de operación de la tecnología. Además, una de las principales ventajas de los procesos biotecnológicos a diferencia de otras tecnologías son que transforman los contaminantes a sustancias no peligrosas sin acumulación de subproductos o desechos de difícil manejo. Entre las tecnologías biológicas utilizadas para la eliminación de gases que generan malos olores existen básicamente tres procesos de tratamiento, es decir, la biofiltración de lecho fijo, los biolavadores y los biofiltros de lecho escurrido.

La biofiltración de lecho fijo, es uno de los procesos biotecnológicos más importantes aplicados para el tratamiento y control de malos olores. Este sistema se basa en la interacción del gas con un medio orgánico cuya actividad de degradación proviene de los microorganismos que viven y se desarrollan en él (medio biológico filtrante). Los biofiltros de lecho fijo han sido aplicados con éxito en el tratamiento de malos olores en plantas de tratamiento de aguas, así como en el múltiples procesos industriales que generan compuestos como amoníaco, acetona, benceno, butanol, dietilamina, etanol, hexano, etilbenceno, metanol, estireno, isopropanol, metano, pentano, tolueno, tricloroetano, y xileno, entre otros.