Las lecciones que dejó el terremoto y tsunami de 2015 en la Región de Coquimbo

El sismo de magnitud 8,4 impactó con fuerza el borde costero de la zona norte del país hace tres años, generó un tsunami cuyas olas alcanzaron la costa en minutos del evento sísmico, y produjo inundaciones importantes, varias horas después de ocurrido el terremoto.

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Cada gran evento sísmico acompañado de un tsunami en Chile, ha significado lecciones tanto para el mundo científico como para la normativa y las políticas públicas en el país. El 16 de septiembre de 2015, Coquimbo vivió uno de los mayores sismos de ese año en el mundo (magnitud 8,4). Se trató de un sismo de contacto entre las placas de Nazca y Sudamérica, es decir, un sismo inter-placa, cuyo epicentro se ubicó a 42 km al oeste de la localidad de Canela Baja, impactando con fuerza numerosas localidades costeras de la región.

A partir de trabajos de investigación del terremoto de Illapel de 2015, desarrollados por el Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres, Cigiden, fue posible evidenciar que el tsunami generado por este terremoto tuvo arribos de las primeras olas en tiempos más cortos que lo observado en el terremoto del Maule de 2010.

“De hecho, indica Rodrigo Cienfuegos, director de Cigiden y académico de la Facultad de Ingeniería UC, las primeras olas alcanzaron las costas de la zona frente a la ruptura sísmica en minutos, tiempo comparable al que se requiere para procesar la información técnica necesaria para decretar la alerta de tsunamis a lo largo del territorio”.

Olas destructivas

Por otro lado, agrega el el experto, en términos de la duración del tsunami, el sismo de Illapel de 2015, confirmó lo observado en 2010, pues nuevamente se registraron inundaciones importantes incluso varias horas después del terremoto, no siendo necesariamente la primera ola del evento hídrico la más destructiva del terremoto.

“El tsunami es un fenómeno que se desarrolla en el tiempo, con varias olas sucesivas cuyo poder destructivo puede mantenerse incluso varias horas después de ocurrido el terremoto, por lo tanto, el tiempo de espera para volver cerca de la costa, no debe ser inferior a una hora”, advierte el académico de la Universidad Católica.

Una lección importante dejado por este evento, indica Cienfuegos, es reforzar la educación para la auto-evacuación de la población costera. De manera que todo habitante de la costa de Chile, debiera saber que si el movimiento sísmico dura más de 30 segundos y cuesta mantenerse en pie, deben evacuar en forma inmediata, sin esperar instrucciones, ni alertas de tsunami.

“El terremoto de Illapel, nos llama a reforzar la educación ciudadana para un Chile más resiliente y a la preparación para la autoevacuación frente a tsunamis de toda la población. Pero también a complementar nuestro sistema de alerta de tsunamis con nuevos instrumentos de observación de la superficie del mar y capacidades de pronóstico en tiempo real, que nos permita realizar un seguimiento del tsunami durante todo el tiempo que está activo. De esta manera podremos asegurar que no existan riesgos para la gente y menos que existan personas que vuelvan a zonas bajas cuando el peligro de inundación sea aún importante”, comenta el director de Cigiden, Rodrigo Cienfuegos.