Investigadores descubren ecosistema en inédita laguna en desierto de Atacama

En el lugar, donde la NASA realiza estudios por sus similitudes con el planeta Marte, se comprobó el surgimiento de micro y macroorganismos capaces de sobrevivir en hábitats no aptos para el hombre.

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Foto referencial

“Haber estado acá en el lugar y momento precisos es como haber encontrado oro”, asevera el biotecnólogo Pablo Arán (28), al referirse a la silenciosa labor que un equipo de investigadores de la Universidad de Antofagasta (UA) ha cumplido desde mediados de 2016 en el sector Yungay del desierto de Atacama.

Las inéditas lluvias de junio de aquel año ocasionaron en el sector un gigantesco aluvión que anegó la ruta en dirección a Minera Escondida y originó inéditas lagunas de tres kilómetros de superficie en la zona más árida del planeta.

A partir de ese momento, un equipo de investigadores, guiados por la ecóloga microbiana Cristina Dorador, se ha dedicado a levantar periódicas muestras en la zona, a unos 120 kilómetros al sureste de Antofagasta. Aunque con el tiempo han ido disminuyendo en superficie, en las pozas iniciales la progresiva fosforescencia y trazas verdes que adquirió la tonalidad del agua ya daban señales a los especialistas sobre la existencia de micro y macroorganismos, llamados extremófilos por su capacidad de sobrevivencia en hábitats no aptos para el hombre.

“Cualquier cuerpo de agua puede ser utilizado por los micro y macroorganismos para vivir, y en esta zona de Yungay, hasta antes de 2015, no se conocía ningún cuerpo de agua natural en la superficie. Los microorganismos que podíamos estudiar estaban en la tierra a distintas profundidades, debajo de las rocas o dentro de estas”, precisa el tecnólogo médico Jonathan García (32), quien cursa un doctorado en ciencias biológicas.

“Entonces, que se genere un cuerpo de agua y que al tiempo tenga un afloramiento de vida que lo puedas ver al ojo humano, es increíble. Porque no se había visto ni estudiado nunca”, dice.

En una de sus recientes salidas a la zona de Yungay, cercana a las antiguas salitreras Aguas Blancas y Petronila, el equipo de investigadores de la UA volvió a recolectar muestras en medio de la aridez y radiación extrema de la zona. En el sector, la temperatura máxima ha llegado hasta los 42°, mientras que medida en tierra supera los 50°.

La jornada incluye cavar unos seis agujeros de 80 cm, como parte de un trabajo de colaboración con la NASA, con el fin de tomar muestras cada 10 cm de profundidad en zonas próximas a los sensores instalados por la agencia de investigación espacial de Estados Unidos.

Allí, la NASA desarrolla habituales investigaciones por la similitud del sector con el planeta Marte en términos geográficos y minerales. En febrero, un robot de la agencia logró cavar sin asistencia hasta un metro de profundidad en la pampa nortina.

Dorador explica que el estudio de los compuestos que producen estas bacterias aportará información para lograr avances en el área de la salud. Un equipo de investigadores ya trabaja para obtener compuestos anticancerígenos a partir de bacterias aisladas del desierto.

“Esta es una de las zonas más áridas del planeta, por lo tanto los organismos que viven ahí tienen adaptaciones únicas para vivir en esa condición. Esos nos da luces sobre las estrategias que tienen esos seres vivos en esas condiciones extremas”, precisó la académica de la UA.