Fósiles del Desierto de Atacama permiten entender la respuesta de patógenos de plantas al cambio climático

La investigación incluyó el análisis de hongos causantes de diversas enfermedades que impactan a la agricultura, la horticultura y la vegetación natural del país.

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Aunque mundialmente el Desierto de Atacama es un paisaje ampliamente conocido por su aridez, entre 8.500 y 17.500 años atrás esta zona del norte de Chile experimentó una cantidad de lluvias que hoy difícilmente podríamos imaginar. Sobre este período del cambio climático y algunos de sus efectos se enfoca un estudio recientemente publicado en la revista Scientific Reports por la científica del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio), Francisca Díaz. Su investigación muestra cómo los organismos responsables de causar enfermedades en las plantas respondieron al cambio climático, permitiendo comprender un proceso que ayudaría a los agricultores chilenos a adaptar sus cultivos y sobreponerse a los cambios ambientales que afectan a nuestro planeta.

Utilizando diversas herramientas para extraer muestras de antiguas madrigueras de roedores, las que gracias a la sequedad del clima conservan intactos restos vegetales y animales, el equipo encabezado por la Dra. Díaz analizó pequeños fragmentos de ADN de cerca de 30.000 años de antigüedad. Normalmente, las observaciones con lupa de estos nidos arrojan resultados aproximados sobre su composición vegetal y animal, pero las técnicas de genética molecular disponibles hoy, permiten mejorar la reconstrucción de los organismos que habitaron el desierto en el momento que se formó esa madriguera. Con este propósito, la científica nacional recurrió a los investigadores Janet Wilmshurst y Jamie Wood, del instituto Landcare Research de Nueva Zelanda, quienes le facilitaron el laboratorio especialmente preparado para extraer ADN de sus muestras fósiles y su posterior análisis.

“En particular los hongos tipo moho, entre los que se incluyen algunos de los patógenos vegetales más importantes y potencialmente devastadores del mundo, mostraron aumentos significativos tanto en abundancia como en prevalencia durante los períodos más húmedos. Esa información es relevante porque nos permite comprender qué ocurre a largo plazo con las asociaciones entre plantas y patógenos cuando el clima cambia “, afirma la también investigadora de la Universidad Católica.

El estudio, igualmente, utilizó polen y ADN antiguo de plantas para descartar cualquier efecto de la vegetación cambiante en los patógenos, pues las comunidades locales también cambiaron en respuesta al clima más húmedo. Sin embargo, los resultados indicaron que el clima en sí mismo fue el principal impulsor de los cambios observados en patógenos vegetales a través del tiempo. “Otros patógenos no mostraron una respuesta obvia, destacando cómo los diferentes aspectos del clima o el medio ambiente pueden ser importantes para diferentes organismos”, dijo el académico de la Universidad Católica de Chile, Claudio Latorre, quien recolectó las madrigueras fósiles las últimas dos décadas.

Los cambios climáticos han sido fenómenos recurrentes en nuestro planeta, por lo que esta investigación podría ayudar a entender mejor el proceso que experimentan cultivos agrícolas y hortícolas, contribuyendo con sus hallazgos a que la agricultura chilena sea capaz de adaptarse y sobreponerse a los efectos del cambio climático actual. Nuestra esperanza es que este estudio inspire más trabajos sobre los registros a largo plazo de los patógenos de las plantas, ayudando a mejorar las predicciones de cómo estos organismos pueden responder al cambio climático actual y futuro”, concluyó el Dr. Jamie Wood.