Estudio advierte que habitantes de todo el mundo están consumiendo plástico a través del agua potable

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Si hay toneladas de microplástico en los océanos, lagos y ríos del planeta, ¿habrá también en el agua que bebemos?

Con esa pregunta en mente, la organización Orb Media con el apoyo de investigadores de la Escuela de Salud Pública de la U. de Minnesota, se lanzaron a abrir llaves de agua en 12 países. Y descubrieron que desde el Capitolio en Washington hasta en una caleta de pescadores en el Lago Victoria, Uganda, hombres, mujeres y niños están bebiendo agua con trazas de plástico.

A nivel global, 83% de las 159 muestras de agua que recolectaron en los cinco continentes dieron positivo a la presencia de fibras plásticas, dice el informe publicado este mes en orbmedia.org.

En EE.UU. tenían trazas de microplástico el 94,4% de las muestras y en Beirut (Líbano) 93,8%. Lo mismo en el 82,4% de las que tomaron en Nueva Delhi (India), 80,8% en Kampala (Uganda), 79,2% en Quito (Ecuador), 76,2% en Jakarta (Indonesia), y 72,2% en países europeos.

Los análisis arrojaron que en las muestras de medio litro había en promedio desde 1,9 fibras en Europa hasta 4,8 en EE.UU., con un tamaño de al menos 2,5 micrones.

Bioacumulación

“Creo que si analizáramos el agua de la llave en Chile, es altamente posible que encontremos algo similar”, dice Franco Pedreschi, académico y director del Dpto. de Ingeniería Química y Bioprocesos de la U. Católica, quien ha investigado la contaminación de alimentos por productos químicos que migran desde contenedores plásticos donde se almacenan.

El investigador agrega que “si bien hacen falta estudios toxicológicos para saber si las cantidades halladas por el estudio del agua potable tienen efectos sobre la salud humana, definitivamente no es bueno estar comiendo plástico, sobre todo considerando que el efecto puede ser acumulativo en el tiempo”.

El endocrinólogo Scott Belcher, del Centro para la Salud Humana y el Medio Ambiente de la U. Estatal de Carolina del Norte, dice que “no hay estándares internacionales sobre niveles de seguridad para el consumo de microplásticos y es poco probable que las bajísimas concentraciones de microfibras plásticas encontradas en el estudio sean tóxicas”.

Sin embargo, agrega, “la situación es más compleja”. Esto, explica, porque los plásticos son una mezcla de numerosos químicos, muchos de los cuales migran al ambiente. Al acumularse en el agua estos pueden transferirse y acumularse en cualquier organismo que los consuma, desde plancton hacia arriba. “Estos químicos tóxicos se acumulan en su cuerpo y pueden bioamplificarse a través de la cadena alimenticia, convirtiéndose en un real problema en los océanos del mundo”. Cada año más de 8 millones de toneladas de plástico van a dar los mares del planeta.

Bebiendo basura

La generación de plástico en nuestro planeta es abismante. Un estudio publicado en julio en Science Advances estima que en el mundo se han producido 8.300 millones de toneladas métricas de plástico virgen desde los años 50. Y que de todo el plástico que se desechó en 2015, 79% fue a parar a vertederos o al ambiente.

Belcher sostiene que “lo más inquietante es que hemos creado un planeta que está tan contaminado con plástico, que ahora estamos bebiendo nuestra propia basura”.

Y su presencia en nuestro vaso de agua tiene un origen tan cercano como la ropa que nos abriga o la pasta con que nos lavamos los dientes. De ahí que el informe de Orb Media hace un llamado a que personas, empresas y gobiernos reduzcan su uso de plástico.

“La única forma de mantener el plástico fuera del aire, el agua y el suelo es repensar radicalmente su diseño, usos, venta y eliminación. Hay mucho que hacer para lograrlo”, concluye el informe de Orb Media.