Enap aplica plan de mitigación de olores en refinería de Hualpén

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Patricio Pantoja (42) vive a casi 200 metros del complejo industrial de Enap Refinerías Biobío, en la comuna de Hualpén. Su casa está en la población El Triángulo, sector habitacional asentado hace 43 años y que colinda, además, con las poblaciones Arturo Prat y la ex Emergencia. Desde niño, cuenta, ha sentido el mismo olor, uno al que, afirma, ya se ha acostumbrado.

 

“Cuando llegan visitas perciben el olor a gas, pero nosotros no, porque nuestro umbral de olores está más alto”, dice el también presidente de la Junta de Vecinos de El Triángulo.

 

El nivel de tolerancia, no obstante, fue superado durante tres días, en 2012, cuando, por fallas operativas en la planta de tratamiento de riles (residuos líquidos industriales) de la empresa, el olor a gas se hizo más intenso: la tarde del 19 de junio de ese año, los malestares se hicieron notorios para la población, lo que derivó en una judicialización del caso y en un plan de mejoramiento actualmente en marcha.

 

Los problemas registrados en 2012 obligaron a suspender temporalmente las clases en el Liceo Lucila Godoy, el Centro Integral de Adultos y la Escuela básica República del Perú. En total, más de 1.000 alumnos regresaron momentáneamente a sus hogares. “Era un olor a gas mucho más intenso, lo que significó que niños presentaran náuseas y cefaleas”, afirma Pantoja.

 

César Matamala es director de la Escuela República del Perú, ubicada a no más de 100 metros del sector industrial. Lleva más de 40 años trabajando en el recinto. “Es normal llegar a trabajar y sentir un aire que ya está con un olor ácido. A uno le cuesta captar cuando la situación se vuelve compleja”, agrega.

 

La mañana del 20 de junio del año pasado, “en algunos cursos, los alumnos presentaron dolores de cabeza y mareos y querían salir de las salas, pero afuera el aire estaba peor”, recalca.

 

A principios de agosto, un nuevo episodio de malos olores se repitió, por lo que se evacuó a los niños que asistían al jardín infantil Arturo Prat. Por estos hechos, la Seremi de Salud del Biobío abrió tres sumarios sanitarios y cursó multas por 500 y 800 UTM (entre $ 20 y $ 32 millones) a la empresa.

 

En el marco de este mismo conflicto, a fines de 2012, la Corte de Apelaciones de Concepción acogió un recurso de protección presentado por los vecinos, luego del primer episodio de malos olores, mandatando a la refinería a iniciar un plan de mitigación para reducir los episodios críticos.

 

El jefe del Departamento de Acción Sanitaria de la Seremi de Salud, Hugo Rojas, detalla que “la empresa tiene que mejorar sus sistemas de tratamiento de las corrientes gaseosas y también las líquidas (…) ellos, de acuerdo a la carta Gantt, deben trabajar estas problemáticas para reducir los efectos negativos a la salud de las personas”.

 

En la Seremi de Salud aclararon que los episodios de malos olores no han generado mayores atenciones médicas en los Centro de Salud Familiar del sector.

 

Millonaria inversión

 

Tras el fallo judicial, la empresa encargó una auditoría ambiental que, si bien estableció que se cumplía con la normativa, recomendó un plan con medidas a aplicar por hasta 10 años, para reducir el nivel de malos olores.

 

El gerente general de Enap Biobío, Patricio Estay, dice que son más de 20 recomendaciones y lo que se hará será “una actualización tecnológica que implica implementar una unidad de tratamiento nueva y, a partir de esto, actualizar las que hoy existen (…). Estimamos que las inversiones debieran superar los US$ 100 millones”, recalca.

 

La revisión de emisiones fugitivas, los dobles sellos que se están colocando a los estanques de almacenamiento que faltaban y una ingeniería para trabajar sobre las plantas de afluentes que aparecen como la principal fuente de emisión de malos olores, son partes de las primeras mejoras.

 

A la fecha, la empresa, el municipio y los vecinos trabajan en una mesa tripartita, en la cual, según el dirigente Patricio Pantoja, el principal requerimiento es que la empresa invierta en tecnología que reduzca los episodios críticos.

 

“Llevarlo a cero es una quimera, pero sí llegar a un nivel de olores que no genere molestias para la comunidad y cumpla con todas las normativas”, dice el gerente de Enap.

 

Fuente: La Tercera