El ruido no puede ser catalogado como parte del progreso

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Por Antonio Marzzano, Doctor en Ingeniería Acústica y encargado de la Unidad de Acústica Ambiental de la Seremi de Salud de la Región Metropolitana.


El ruido es ese tipo de contaminación que de manera inadvertida nos produce una serie consecuencias o efectos en nuestra vida diaria que incluso podemos considerarlos normales si lo consideramos un factor de progreso y desarrollo.

Antonio Marzzano.

En efecto, tal como en antaño la gente se lamentaba que en una chimenea de una empresa productiva no hubiera humo, lo que podría significar que en la empresa no había producción o trabajo, el ruido se puede asociar a progreso y vigor de la actividad diaria, productiva, recreacional y económica de un país. Hoy sabemos que la inexistencia de humos visibles de una chimenea industrial de una empresa en pleno trabajo es la muestra de que se controlan las emisiones de este tipo de contaminante. Cabe preguntarse entonces ¿es posible avanzar en el desarrollo de un país sin que con ello aumente la emisión de ruido en las ciudades?

Sabemos que cada día requerimos de mayor producción, infraestructura de transportes, servicios, comercios e incluso actividades recreacionales que permitan elevar la calidad de vida de la población. El desafío que tenemos como país es cómo hacer que todo esto se desarrolle respectando los entornos acústicos en sus cercanías. Cada vez más vemos en la prensa o en las redes sociales que hay mucha gente que vive con ambientes acústicos alterados por actividades industriales, comerciales, artísticas, recreacionales, tráfico de vehículos, trenes y aviones, e incluso nuestros más jóvenes ya no conocen el daño que se hacen escuchando a alto volumen música por auriculares.

Para enfrentar el futuro debemos educar a la población, tanto la que es afectada por la exposición del ruido como la que produce ruido. Todos debemos colaborar en hacer de nuestras ciudades espacios acústicamente armónicos respetando a los demás, reconociendo que todos tenemos el mismo derecho ya sea de hacer cualquier actividad pero también el otro tiene el derecho de tener el ambiente sonoro que merece. Habrá que recordar cada día que “mi derecho termina donde comienza el derecho del otro” como una máxima que debemos tener presente para ser verdaderos factores de cambio mirando el futuro.

La conmemoración del Día Internacional de la Conciencia sobre del Ruido nos invita cada año a tener presente que es posible educar a la población para contribuir a mejorar los ambientes acústicos de las ciudades. No sólo la adopción de más y mejores normas solucionarán los problemas, sino que la conciencia de que esto no es producto de lo que llamamos “costos del progreso” permitirá que contribuyamos a reducir situaciones que entre todos tenemos un grado de responsabilidad.