Donald Trump ordena la mayor reducción de áreas protegidas en la historia de EE.UU.

La nueva medida fue fuertemente criticada por organizaciones ambientales y grupos indígenas. Los terrenos, localizados en Utah, habían sido protegidos por los presidentes demócratas Barack Obama y Bill Clinton.

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El presidente Donald Trump ordenó ayer lunes la mayor reducción de tierras públicas protegidas en la historia de Estados Unidos, recortando más de 9.200 kilómetros cuadrados a dos parques en el estado de Utah, una medida alabada por los conservadores del estado y duramente condenada por ecologistas y tribus nativas.

Los terrenos naturales en Utah habían sido protegidos por el Gobierno federal durante los mandatos de sus predecesores demócratas, Barack Obama (2009-2017) y Bill Clinton (1993-2001).

“He venido a Utah a adoptar una acción muy histórica para revertir la extralimitación (del Gobierno) federal y restaurar los derechos de esta tierra a sus ciudadanos”, dijo Trump sobre su nueva medida, en un discurso en el Capitolio estatal de Utah, en Salt Lake City.

El mandatario redujo en alrededor del 85% el territorio de Bears Ears, la extensa área protegida creada por Obama el año pasado, y recortó casi el 46% de la superficie de Grand Staircase-Escalante, el parque protegido en 1996 por Clinton.

Ambos parques son monumentos nacionales: áreas terrestres o marítimas protegidas que, a diferencia de los parques nacionales, pueden crearse sin la aprobación del Congreso, con una simple orden del presidente, de acuerdo con una ley de 1906.

El objetivo de la Casa Blanca es abrir el territorio que antes estaba protegido para facilitar el uso público de sus carreteras y pastos, además de a la “caza y pesca saludable”, según dijo a periodistas el secretario de Interior de EE.UU., Ryan Zinke.

Por su parte, Trump alegó que sus predecesores “abusaron” de esa ley para poner cada vez más tierra y agua bajo control federal, y que eso arrebató a los habitantes locales la capacidad de decidir la mejor forma de utilizar esos terrenos.

“Estos abusos de la ley de Antigüedades han dado un enorme poder a burócratas en tierras lejanas, a expensas de la gente que verdaderamente vive y trabaja aquí”, opinó el presidente.

Grand Staircase-Escalante pasará de tener casi 2 millones de acres protegidos (8.100 kilómetros cuadrados) a alrededor de 1 millón (4.050 kilómetros cuadrados), y quedará partido en tres áreas. La zona posee yacimientos de carbón, pero Zinke negó que la decisión de reducir su tamaño tuviera que ver con intereses de explotación minera, y aseguró que en Bears Ears no hay petróleo ni gas.

Bears Ears pasará de sus casi 1,5 millones de acres actuales (6.075 kilómetros cuadrados) a apenas 201.876 acres (817 kilómetros cuadrados); y estará dividido en dos zonas protegidas que estarán aisladas la una de la otra.

La medida despertó críticas de varias organizaciones de defensa del medio ambiente, y al menos una de ellas, la Fundación para la Conservación de Tierras, planea presentar una demanda judicial para tratar de deshacer la decisión de Trump.

El Fondo de Derechos de los Nativos Americanos (NARF, por sus siglas en inglés) presentó una demanda este mismo lunes para proteger el Monumento Nacional Bears Ears, informó la NARF en su sitio web.

El fondo dijo que la acción de Trump constituye un ataque a las naciones indígenas soberanas que tienen fuertes lazos con la región de Bears Ears y representa una violación de la Constitución. En opinión de los líderes indígenas la protección federal es necesaria para contrarrestar el aumento del saqueo de estructuras, sitios y objetos arqueológicos.

Por otro lado, la medida recibió aplausos de políticos conservadores en el estado, que se habían opuesto frontalmente a la decisión de Obama de declarar Bears Ears un monumento nacional.

“El presidente Trump nos ha escuchado. No somos un estado menor”, indicó el líder de la Cámara Baja de Utah, el republicano Greg Hughes.

La Asociación Nacional de Ganaderos de carne de res también celebró la medida, al considerar que amplía el poder de los rancheros y “las comunidades rurales”, a pesar de que el pasto de ganado ya estaba permitido en ambos monumentos.