Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía: Los efectos en Chile

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En 1994 se estableció al 17 de junio como el Día Internacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Esto,  con el objetivo concienciar al mundo de los riesgos de la sequía y la escasez de agua en las tierras secas y en otras partes del planeta y subrayar la importancia de mantener suelos saludables. A su vez,  esta consigna es  parte de los objetivos del programa de Río+20 y del programa de desarrollo sostenible para después de 2015.

 

Los últimos años Chile ha sido marcado por un déficit de precipitaciones que ha disminuido las reservas de aguas y afectado los suelos a lo largo del país. Según datos de la Dirección Meteorológica, el período entre 2003 y 2013 ha sido la década más seca desde 1866 para la zona central que comprende desde la región de Coquimbo hasta Biobío y 2013 se perfiló como el quinto año consecutivo de déficit pluvial en la zona.

 

Chile seco

 

Si bien la sequía es un fenómeno que ocurre regularmente en Chile, expertos señalan que dada la prevalencia de esta reducción de las precipitaciones, no sólo los suministros de agua para la sociedad se han visto afectados sino que también la flora y fauna del territorio nacional.

 

“Chile es uno de los países que más se ha visto afectado por el cambio climático en el mundo. Desde 2007 hemos estado en un proceso largo de sequía que ha mantenido una reducción de 30% a 50%  de las precipitaciones dependiendo de la región”, dice Wilfredo Alfaro, experto en desertificación de la Conaf. 

 

Alfaro agrega que esta sequía y la consecuente desertificación que se ha visto agravada por la gran deforestación que existe en Chile, la sobre explotación de los suelos y los incendios forestales, han agotado las reservas de agua que existen bajo tierra y que son estas condiciones las que están afectando a la vegetación local.

 

La productividad y la floración de la vegetación se ven significativamente afectadas. Muchas especies como el quillay pierden sus hojas más nuevas y mantienen sus hojas más antiguas que concentran antioxidantes. Se dañan las paredes celulares y el tejido de las plantas”, señala el experto en desertificación.

 

Asimismo, añade que “eso no sólo impacta a la vegetación misma sino a los que dependen de ella. La fauna que depende de la vegetación se ve tremendamente afectada, tiene que desplazarse en busca de alimento y las especies migran por ejemplo hacia la pre cordillera o cordillera o hacia zonas urbanas”.  Es por esto que en ocasiones se puede ver muchos roedores o algunos pumas y zorros en zonas pobladas, que quedan expuestos al ser humano explica el ingeniero forestal experto en desertificación, Wilfredo Alfaro.  

 

Fernando Soto, director ejecutivo de Codeff, agrega al respecto que “Al haber menos lluvia hay menos vegetación y eso afecta a toda la cadena trófica. Hay menos alimento disponible para los herbívoros y por consiguiente también para los carnívoros”.

 

Además destaca de ante la permanente sequía que afecta al país la desertificación ha aumentado y el desierto ha avanzado cada vez más hacia el sur y que esta desertificación “lo que hace es alterar los hábitats de las diferentes especies, lo que muchas veces las obliga a migrar o definitivamente a extinguirse y por eso de repente es tan importante la conservación de sitios específicos que son a veces el último lugar que tienen para sobrevivir en el medio ambiente”. 

 

Martín Espinosa, coordinador de proyectos en Codeff, lleva estas tendencias a ejemplos concretos que han podido observar en terreno en algunos estudios que realiza la ONG, como el monitoreo de guanacos que realizaron en el Parque Nacional Llanos de Challe donde se percataron de un aumento de la población. “Se buscó la relación y dimos con que la población aumentó en la medida que hubo desierto florido, ya que había mayor disponibilidad de alimentos y mejores condiciones y éxito de reproducción”.

 

En otra ocasión durante un estudio del Huillín, una nutria de agua dulce,  realizado entre 2007 y 2009 en el río Tolten en la región de la Araucanía (que también se ha visto fuertemente afectada por el déficit de precipitaciones) “al segundo año de estudio no se observó a la especie y coincidió con un año de sequía. Eso principalmente se asoció a la disminución de las aguas y el Huillín tuvo que migrar hacia zonas más bajas”, dice Martín Espinosa.   

 

Propagación de enfermedades

 

Otro de los aspectos que destacan en Codeff como preocupante, es la influencia de la sequía y mayores temperaturas en el aumento de la propagación de enfermedades. 

 

Ya se han visto brotes de epidemias y enfermedades que no estaban en otros sitios y que ahora empiezan a surgir por la menor lluvia y mayores temperaturas como el Hanta que cada vez está llegando más al norte, o el dengue”, señala Martín Espinosa.

 

Por su parte Fernando Soto, destaca que “el mal de chagas ha ido avanzando desde el norte hacia el sur y existen estudios que han demostrado que hay vinchucas cerca de Santiago, cuando antes se reducían al hábitat de la IV Región”. 

 

Fuente: La Tercera