Contaminación acústica. Un desafío actual y futuro.

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Por Directorio del Colegio de Ingenieros en Acústica 2018.


El ser humano suele percibir mucho más los sonidos cuando estos le molestan.  Normalmente se les clasifica como “ruido” y afectan definitivamente la vida de muchas especies, no sólo los humanos. Una expresión a la cual suele hacerse referencia es la del famoso premio nobel Robert Koch, quien expresó “Algún día el ser humano tendrá que luchar contra el ruido, como contra el cólera y la peste”. Lo anterior fue dicho en el año 1910, cuando los ruidos perturbadores provocados por el hombre aún no eran tan extremos ni constantes como en la actualidad, a pesar de que ya existían los motores de combustión y las máquinas de vapor.

Para comprender mejor la declaración del Dr. Koch, es necesario precisar qué es el ruido. No todos los sonidos son ruidos, pero cada sonido tiene el potencial de convertirse en ruido. La expresión o definición habitual para ruido es “sonido no deseado”. Es claro que no todos los sonidos percibidos como ruido son generados por el hombre, pero estos son la mayoría. Los sonidos en la naturaleza generalmente no son tan fuertes para que nos afecten sólo por su intensidad y a menudo los asociamos a algo agradable, como el sonido del mar, por ejemplo, el cuál claramente no tendrá el mismo efecto que el ruido del tránsito vehicular, incluso si la intensidad de este último fuese más baja.

El estar constantemente afectados por ruidos (sonidos no deseados) puede provocar efectos muy negativos en nuestro cuerpo, psiquis y bienestar. En casos más críticos la exposición a ruido puede llegar a producir estrés, hipertensión, un accidente cerebro vascular o incluso un ataque al corazón.

Estudios efectuados indican que el 4% de las muertes causadas por enfermedades isquémicas del corazón (IHD) en Santiago el año 2011 serían atribuibles al ruido de tráfico vehicular.

La figura muestra la pirámide de severidad de los efectos del ruido sobre la salud y la proporción de población afectada según W. Babish.

En los últimos años se ha ido tomando cada vez con más seriedad la problemática de la contaminación acústica. Principalmente en grandes ciudades, donde la fuente de ruido principal es el tránsito vehicular, y en zonas industriales donde, además de controlar la generación de ruido al entorno, se debe proteger adecuadamente la audición de los trabajadores. Está claramente establecido y reconocido internacionalmente que el ruido, o la contaminación acústica, pueden afectar seriamente la salud de la población. Pero ¿Se limita la necesidad de acción a estos ámbitos? ¿Qué efecto sobre otras especies está produciendo el ser humano con la generación de ruido?

Sin duda que existen otras especies afectadas por el ruido y científicos en diferentes partes del mundo han abocado su trabajo a estudiar posibles efectos. Han detectado efectos negativos sobre diferentes especies, probando, por ejemplo, que la distracción con ruidos artificiales disminuye la capacidad de detectar la presencia de un posible depredador o responder adecuadamente frente a diferentes situaciones de peligro.

En el caso del mundo submarino también ha sido posible detectar los efectos del ruido y para los habitantes bajo el agua es muy difícil evitar fuentes de sonido perturbadoras. El sonido se propaga aproximadamente cinco veces más rápido que en el aire y se atenúa menos al propagarse, por lo que alcanza áreas que están muy lejos de la ubicación del punto donde se genera. Especialmente las bajas frecuencias son problemáticas y su generación ha ido en aumento, por ejemplo, en la construcción de turbinas eólicas marinas, cuyas bases deben anclarse en el lecho marino. Lo mismo ocurre en procedimientos utilizados para buscar materias primas, petróleo crudo o gas natural bajo el agua. Lo anterior afecta de manera negativa a las especies marinas, en especial a delfines y ballenas, las cuales utilizan las ondas sonoras para comunicarse, ubicarse espacialmente, y detectar posibles depredadores.

Es necesario avanzar de manera más rápida en el establecimiento de normas, límites y procedimientos que permitan contrarrestar el aumento del número de fuentes de ruido y la aparición de nuevas fuentes, que parecieran aumentar con mayor velocidad que la reacción de la sociedad frente a ellas. La urgencia del problema ya no involucra sólo la protección del ser humano, sino que de todas las especies que se ven afectadas. Para hacer frente a esta problemática se requiere tanto del aporte de la ciencia como de un adecuado número de especialistas que permitan enfrentar los requerimientos de mitigación y control. Sin duda que nuestro país tiene una ventaja en este aspecto y, a diferencia de muchos otros países, cuenta desde hace décadas con profesionales especialistas que pueden aportar en el avance frente al desafío que significa reducir la contaminación acústica de nuestro ambiente.